Un cuento perfecto by Elísabet Benavent

Un cuento perfecto by Elísabet Benavent

autor:Elísabet Benavent [Benavent, Elísabet]
La lengua: spa
Format: epub, mobi
Tags: Novela, Romántico
editor: ePubLibre
publicado: 2020-01-31T16:00:00+00:00


34

El freno de la motocicleta

—Vale. Dale un poco. —David estaba serio. Su mano sobre la mía—. No hace falta que aprietes tanto, anda.

—No estoy segura de que esto sea una buena idea.

—Tú déjate llevar. No pienses tanto.

—¿Así?

—¡¡Eh, eh, eh!! ¡Aguanta! No tan fuerte.

—¡¡¿Ves?!! No sé.

David suspiró y apoyó la frente en mi hombro.

—Por favor, Margot. Llevar un coche es muchísimo más complicado. —Noté su aliento en mi piel—. Esto es una bicicleta con motor.

El sol caía a plomo en la carretera larga y desierta en la que habíamos parado. David cargaba a su espalda una mochila con todas las cosas que necesitábamos para ir a la playa, pero no llegaríamos nunca si no me ponía las pilas porque estaba claro que iba a ser yo quien condujera hasta allí.

Volví a darle al acelerador, esta vez más suave. David me soltó la mano y dejó caer la suya sobre mi muslo.

—Vale. Vas bien.

Nos movimos despacio. Mis zapatillas Converse blancas rozaban aún la calzada.

—Sube los pies —me dijo.

—Ponte el casco —le pedí.

—¿Sabes que aquí no es obligatorio? Por eso te dan esta mierda.

—Ponte el casco —insistí, acelerando un poco más.

—Sube los pies.

Vi a su sombra ponerse el casco y después su mano volvió a mi muslo, que apretó un poco para infundirme tranquilidad. Joder. El calentón no se me había pasado.

—Bien, bien, bien. Sube los pies y acelera.

Subí los pies, aceleré. David se agarró con fuerza a mi ropa, un mono corto de color negro.

—Margot, calma…

—¡¡Mira, mira!! ¡¡Que voy yo sola!! ¡David! ¡Que estoy conduciendo! Ay, ay. Una curva. Allá hay una curva.

Frené con el freno de delante y David se aplastó contra mi espalda.

—¡Perdón! —grité.

—Con los dos frenos, Margot, que nos matamos.

—Perdón, perdón.

Aceleré de nuevo.

—Vale. Sigue la carretera. Hasta dentro de cinco kilómetros no tienes que desviarte —me dijo mirando el móvil.

Pisé un bache. Lloriqueé.

—¡Quiero parar, quiero parar! Tengo miedo.

—No frenes, Margot.

Frené con la rueda de delante otra vez y David volvió a estamparse contra mi cuerpo.

—Ah, ah, ah —gemí.

—Sí, mujer, tú no te cortes.

—¿Qué?

—Nada.

Aceleré. Vi una piedra. Frené otra vez mal. El pecho de David terminó aplastado contra mi espalda.

—Margot, por favor.

—¡¡Ah!! ¡¡Ah!! ¡Ah!! ¡Que viene un coche por detrás!

—Pues que nos adelante. Tú pégate a la derecha y ya está, pero deja de hacer esos soniditos, por favor.

—¡¡Ah!! ¡¡Ahhhh!! David, David, lo estoy pasando fatal.

Un coche nos adelantó y yo volví a frenar. David, de nuevo, chocó. Frené. Chocó. Le escuché gruñir.

—¡¡Perdón, perdón!!

—Margot, ¿lo estás haciendo a propósito?

—¿Qué? ¡No! Estoy superagobiada.

Una moto más grande pasó por nuestro lado con un tío sin casco. Nos gritó algo y yo frené.

—¿Qué pasa? ¿Por qué grita?

—Margot, por favor, porque es idiota. Deja de frenar.

—¿Puedo parar?

—No, pero en serio, acelera. Solo acelera.

Su boca se apoyó en mi hombro. Miré fugazmente hacia detrás, confusa.

—David…, ¿te has mareado? ¿Tan mal voy? ¿Paro?

Frené.

—¡¡Margot!! —gritó.

—Ya, ya lo sé. Perdona.

—¿Sabes por qué me estás pidiendo perdón?

—Por los frenazos… —respondí confundida—. ¿Qué… te pasa? No te entiendo.

—Cada vez que frenas te endiño la polla contra el culo, Margot. Y, joder, tía, que yo te respeto, pero uno no es de piedra.



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